Con solo 25 años, Zuriel ha destacado como ingeniero mecatrónico, graduándose de la Universidad Autónoma Chapingo y del Instituto Politécnico Nacional (IPN). Su trayectoria se ha centrado en encontrar soluciones tecnológicas a los desafíos que enfrenta el sector agrícola, aspirando a motivar a otros jóvenes a explorar el mundo de la innovación. Desde su infancia, Zuriel mostró un interés innato por desarmar dispositivos y entender su funcionamiento, lo que lo llevó a soñar con ser inventor y, posteriormente, a descubrir su verdadera vocación en la ingeniería.
Desde sus primeros años, Zuriel comenzó a construir sus propios juguetes utilizando madera y materiales reciclados, lo que cimentó su pasión por la creación. Este impulso lo llevó a estudiar Mecatrónica en la UPIITA del IPN, donde diseñó su primer robot móvil a la edad de 18 años, un dispositivo capaz de jugar hockey. Su paso por la preparatoria agrícola en Chapingo le permitió observar las dificultades que enfrentan los productores, lo que inspiró su deseo de fusionar la agricultura con la mecatrónica y fundar su propia empresa de robótica.
Durante su formación en la preparatoria, Zuriel se dio cuenta de las limitaciones que enfrentan los agricultores, quienes a menudo trabajan con escasos recursos y reciben bajos ingresos por sus cosechas. Esta realidad lo motivó a aplicar sus conocimientos en robótica para ayudar a estos productores, que están desconectados de los avances tecnológicos. La creación de Zury, su primer robot agrícola, se convirtió en un hito en su vida, marcando la encrucijada entre seguir una carrera convencional o dedicarse a su proyecto innovador.
El desarrollo de Zury fue un proceso en el que Zuriel trabajó junto a su padre, don Renato, quien aportó su creatividad al diseño. El primer prototipo del robot pesaba 100 kilogramos y era bastante rudimentario, pero con el tiempo se logró reducir su peso a 25 kilogramos, incorporando un sistema de análisis del suelo agrícola. Zury funciona perforando el terreno y utilizando sensores para medir los elementos químicos presentes, generando informes que permiten a Zuriel recomendar productos orgánicos para mejorar la salud del suelo.
A pesar de los retos financieros que ha enfrentado, Zuriel ha logrado avanzar en su proyecto utilizando ahorros personales y becas obtenidas por su desempeño académico. Su intención es promover y dar visibilidad a su trabajo, así como inspirar a futuros jóvenes ingenieros a aplicar sus conocimientos en la solución de problemas sociales. Además, busca alcanzar la automatización de procesos agrícolas, reconociendo que la edad de muchos productores actuales limita su capacidad para continuar trabajando en el campo, enfatizando la necesidad de nuevas generaciones comprometidas con la agricultura y la tecnología.





