El mes que cambió el coleccionismo del Mundial: cómo un grupo mexicano le ganó tiempo a Panini y creó el fenómeno Choca Locoz

By: Protagonista

En el negocio de los coleccionables del fútbol, el calendario lo es todo. Durante décadas, el Álbum Panini de Panini ha dominado el ritual del Mundial con una maquinaria global afinada para producir y distribuir millones de sobres en sincronía con la FIFA. Pero en el ciclo del Mundial 2026, un grupo de empresarios mexicanos —Can México, liderado por Yoshua Attie y Elías Massri Michan— encontró una grieta en ese calendario: la cercanía en la confirmación de selecciones y los ajustes logísticos comprimieron los tiempos de salida del producto tradicional. La apuesta fue simple y quirúrgica: salir antes y cambiar el formato. Así nació Choca Locoz, una colección de 52 figuras —las 48 selecciones, tres mascotas y la Copa del Mundo— que se compran en sobres sorpresa, se ordenan en un coleccionador por grupos y, a diferencia del modelo histórico, se juegan.

El resultado no tardó en hacerse visible en el canal más sensible del país: la calle. De acuerdo con distribuidores del sistema tradicional, Choca Locoz se convirtió en el producto de mayor desplazamiento en puestos de periódico en México durante el arranque del ciclo mundialista y alcanzó niveles de rotación que, según fuentes de retail, lo colocan entre los mayores picos de venta en la historia reciente de Sanborns, centro de conveniencia y departamentales. La ventaja inicial fue de tiempo —un margen cercano a un mes antes que el Álbum de Panini—, pero el motor de adopción terminó siendo otro: la interacción. Las piezas no se archivan; se chocan, se apuestan y se intercambian. En un entorno dominado por pantallas, esa mecánica elevó la participación: analistas estiman incrementos de 30% a 40% en interacción frente al coleccionismo pasivo y tiempos de uso por sesión de hasta 35%. El precio abrió la puerta —completar el formato tradicional puede escalar a niveles cercanos a 7 mil pesos, frente a una alternativa en torno a una tercera parte—, pero la recurrencia la sostuvo.

Para la industria, el dato relevante no es que exista una opción más accesible, sino que haya cambiado el comportamiento. Adultos jugando en mesas de oficina, familias intercambiando en casa, redes sociales llenas de retos improvisados: señales de un producto que dejó de ser objeto para convertirse en hábito. Bajo este contexto, proyecciones del sector apuntan a que formatos híbridos como Choca Locoz podrían capturar entre 20% y 30% del crecimiento incremental de la categoría de coleccionables FIFA 2026 en México. Y, más importante, haber probado algo que no se veía en esta categoría: quitarle participación al incumbente en su propio ciclo.

El siguiente movimiento ya está en marcha. Con la tracción del Mundial, Can México prepara extensiones de la plataforma hacia licencias de entretenimiento global —incluida una línea con Minions de Universal Pictures—, apostando a que el formato (no solo la temática futbolera) es exportable. Si el álbum fue, durante décadas, la forma de “poseer” el Mundial, la tesis mexicana es distinta: vivirlo. La pregunta para la industria no es si hay espacio para otro producto, sino si el estándar cambió.

Porque, en el fondo, esto no va de un lanzamiento más de la FIFA. Va de una asimetría bien leída —tiempo, precio y uso— que permitió a un grupo local abrirse paso en una categoría global. Lo que empezó como una ventana de calendario terminó como el fenómeno cultural más interesante del Mundial 2026 y, quizá, como el primer intento serio en años de construir, desde México, un coleccionable capaz de competirle a Panini en su terreno —aquí y fuera.