Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, ha declarado recientemente su intención de modificar la estrategia antidrogas del país para centrarla en operaciones terrestres, dirigiendo específicamente esta advertencia hacia México. Durante un evento en el que firmó una ley de financiamiento para los servicios de migración, Trump destacó que el tráfico de fentanilo había disminuido un 60% en su primer año de regreso a la Casa Blanca, con el 97% de las incautaciones hasta el momento efectuadas en el mar.
En su discurso, Trump manifestó que, aunque le resulta incómodo decírselo a México, enfocará los esfuerzos en abordar el tráfico que se realiza por tierra debido a las ventajas previamente otorgadas por las rutas marítimas. El presidente afirmó que ante el éxito alcanzado en las vías oceánicas, los operativos se trasladarán ahora hacia las fronteras terrestres. Este cambio se produce mientras persisten las tensiones con el gobierno de Claudia Sheinbaum sobre la autorización para que tropas estadounidenses participen en acciones directas contra cárteles mexicanos.
La táctica empleada anteriormente por la administración Trump incluyó operativos marítimos que desde 2025 han resultado en la intercepción de lanchas vinculadas al tráfico de narcóticos. Estos operativos han culminado en la muerte de al menos 205 personas, según datos oficiales. El último de estos enfrentamientos tuvo lugar el 31 de mayo en el Pacífico, resultando en tres fallecimientos entre los tripulantes de las embarcaciones interceptadas.
Trump enfatizó que las cifras obtenidas demuestran el éxito de su gestión anterior y que los delincuentes ya no encuentran el mismo margen de operación. Antes de las medidas adoptadas, las capturas en alta mar resultaban en arrestos temporales, permitiendo a los involucrados reincidir fácilmente en sus actividades delictivas, confirmó el mandatario.
La nueva dirección estratégica de Trump parece adecuarse a su meta de reducir significativamente el tráfico ilegal de sustancias como el fentanilo, lo cual sigue siendo una prioridad en su agenda de seguridad nacional. Mientras tanto, la comunidad internacional y los gobiernos involucrados observan cuidadosamente cómo se despliegan estas acciones en los próximos meses y qué implicaciones tendrán en las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y México. Esta creciente presión por parte de Trump plantea una serie de desafíos y posibles áreas de cooperación o conflicto con su vecino del sur.





