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Descarrilamiento del Tren Interoceánico destaca desafíos operativos

Este domingo, el Tren Interoceánico vivió un suceso trágico cuando sufrió su primer descarrilamiento en las inmediaciones de Nizanda, Oaxaca. El convoy, que representa uno de los proyectos de infraestructura más significativos del sexenio del expresidente Andrés Manuel López Obrador, busca no solo impulsar el turismo sino también mejorar la conectividad comercial entre distintos puntos del país.

El descarrilamiento, que tuvo lugar en la Línea Z, dejó un saldo inicial de 13 personas fallecidas y cerca de 98 lesionados, según informó la Secretaría de Marina (Semar), la entidad encargada de la operación de este relevante corredor. El tren, que en ese momento transportaba a 250 pasajeros y nueve tripulantes, se detuvo bruscamente cuando la máquina principal se salió de las vías en un tramo del kilómetro Z-230+290, cercano al municipio de Matías Romero Avendaño.

Ante este desafortunado evento, se activaron inmediatamente los protocolos de emergencia. La Semar, junto con el Gobierno del Estado y los servicios locales de protección civil y salud, emprendieron acciones rápidas para gestionar el siniestro y brindar atención médica. Se asistió a los pasajeros heridos; más de 20 personas fueron canalizadas para recibir atención médica adecuada, mientras 36 requirieron hospitalización.

Este desastre saca a relucir algunos de los retos que enfrenta el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, una obra que fue proyectada para contar con un presupuesto de 25,000 millones de pesos para su expansión en la línea K hacia 2026. Este extenso proyecto ferroviario se concibió con varias líneas, incluyendo la Línea FA que corre de Coatzacoalcos, Veracruz a Pakal-Ná Chiapas, y la Línea Z que conecta Coatzacoalcos con Salina Cruz, Oaxaca.

Coordinadamente, la Semar y otras entidades como la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT), IMSS-Bienestar, y el gobierno estatal han estado trabajando para mitigar el impacto del accidente. La prioridad ha sido la seguridad de los pasajeros, asegurando que todos reciban la atención necesaria y evaluando de manera exhaustiva los motivos detrás de tan lamentable suceso. Esta desgracia somete a prueba no solo a las autoridades a cargo, sino también a la robustez del sistema operativo del tren, que busca ser un pilar clave en la conectividad nacional.

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