En un contexto de análisis político e investigaciones sobre financiamiento ilícito, surge la figura de Jesús Ramírez Cuevas, quien fuera vocero presidencial durante el mandato de Andrés Manuel López Obrador, vinculado a Sergio Carmona Angulo, un empresario señalado por su participación en actividades ilegales relacionadas con el contrabando de hidrocarburos. Esta conexión es destacada en el libro ‘Ni venganza ni perdón’ de Julio Scherer Ibarra, exconsejero jurídico de la presidencia.
Conforme a documentos de inteligencia revisados por el medio Latinus, Ramírez mantuvo diversas reuniones con Carmona, quien fue asesinado en noviembre de 2021 en Nuevo León. Se le atribuía el papel de operador en el financiamiento de campañas políticas en el norte de México, vinculado presuntamente a actividades irregulares en el ámbito electoral y a redes de narcotráfico.
Informes reservados del Estado mexicano sugieren la presencia de Ramírez en varios encuentros con Carmona antes de su fallecimiento. Fuentes indican que el exvocero habría mediado acercamientos con figuras prominentes del partido Morena, inclusive potencialmente con López Obrador, lo cual le habría permitido facilitar la obtención de apoyos financieros para impulsar campañas clave, como la del entonces candidato Américo Villarreal, actual gobernador de Tamaulipas.
Desde 2015, el poderío de Carmona se expandió tras el nombramiento de su hermano en un cargo aduanero en Reynosa. Este nuevo rol le habría permitido establecer una red que utilizaba la facturación falsa y empresas fantasma, consolidando su control sobre un significativo segmento del comercio ilegal de hidrocarburos. En las elecciones intermedias de 2021 su figura ya era conocida como un influyente agente electoral en la sombra.
Los informes también indican que poco antes de ser asesinado, Carmona habría estado colaborando con la DEA, asegurando compartir información sobre políticos mexicanos involucrados en actividades ilegales. Posterior a su muerte, su hermano Julio se trasladó a Estados Unidos, donde aparentemente coopera con autoridades como testigo. No obstante, dentro de México, el imperio de Carmona parece haber seguido operando bajo la dirección de su esposa, quien asumió el control de las operaciones empresariales.








