El Helicoide, un imponente edificio situado en el corazón de Caracas, fue concebido a mediados del siglo XX como un símbolo del progreso económico y modernización de Venezuela. Su diseño innovador, con su característica forma piramidal y rampas en espiral, buscaba alojar uno de los centros comerciales más grandes y modernos del continente, pero el proyecto quedó inconcluso tras varios problemas financieros.
Tras permanecer en abandono por años, fue en 1982 cuando el gobierno venezolano decidió transformar el espacio en oficinas gubernamentales, específicamente en el ministerio de Seguridad, que posteriormente se convertiría en el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN). A lo largo de las décadas, su función se desvirtuó, convirtiéndose en un centro de detención y tortura, como lo han denunciado múltiples organizaciones y reportajes internacionales.
Bajo el régimen de Nicolás Maduro, El Helicoide ganó notoriedad por las denuncias de abusos efectuadas por ex-rehenes y organizaciones de derechos humanos, que señalan la existencia de torturas físicas y psicológicas. Personas como Jorge Toledo, exrehén, relataron las condiciones inhumanas y el sufrimiento que vivieron en dicho lugar, etiquetándolo como una cárcel de máxima seguridad donde las violaciones a los derechos humanos eran comunes.
El ex presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tras la captura de Maduro, anunció planes para cerrar El Helicoide, afirmando que era una prioritaria acción a llevar a cabo tras asumir su mandato en el país sudamericano. Esta directriz internacional surge en un contexto en el que el expresidente busca cambios de gran envergadura para Caracas, tras la detención de Maduro y la asunción de Delcy Rodríguez como presidenta encargada de Venezuela, según un fallo del Tribunal Supremo de Justicia venezolano.
Las denuncias sobre la influencia extranjera en las prácticas de tortura, particularmente cubanas e iraníes, solo han incrementado la presión internacional para desmantelar este infame centro de detención. El posible cierre de El Helicoide se plantea como un fuerte símbolo del fin de un oscuro capítulo en la historia reciente de Venezuela, con la esperanza de un nuevo comienzo en la protección de los derechos humanos en la región.








