En un giro político significativo, Delcy Rodríguez, ahora presidenta interina de Venezuela, ha extendido una mano de cooperación hacia Estados Unidos tras los recientes eventos que culminaron con la captura de Nicolás Maduro. Rodríguez ha enfatizado su intención de trabajar estrechamente con la administración estadounidense para fomentar una agenda de desarrollo conjunto, invocando principios de derecho internacional y convivencia pacífica.
El contexto de esta invitación es clave, ya que llega apenas días después de una operación internacional coordinada que resultó en la captura del líder venezolano Nicolás Maduro. Durante esta operación, se evidenció una creciente presión sobre el gobierno venezolano por parte de la comunidad internacional, con Estados Unidos jugando un rol central en los esfuerzos diplomáticos y logísticos. En este entorno, Rodríguez parece dispuesta a abrir un nuevo capítulo en las relaciones bilaterales.
En un comunicado oficial, Rodríguez manifestó: ‘Extendemos una invitación al gobierno de Estados Unidos para trabajar juntos en una agenda de cooperación, orientada al desarrollo compartido, en el marco del derecho internacional, y al fortalecimiento de la convivencia comunitaria duradera’. Este llamado resalta un enfoque hacia el establecimiento de vínculos más constructivos que podrían beneficiar a ambas naciones en términos de estabilidad política y económica.
El presidente estadounidense Donald Trump, en declaraciones previas, había expresado su interés en trabajar con Rodríguez, sin embargo, sus primeras reacciones fueron críticas sobre la redada que culminó con el arresto de Maduro. Trump había demandado el regreso de Maduro, reflejando la complejidad de las relaciones diplomáticas en juego y los intereses cruzados de ambas partes.
Esta invitación a una colaboración bilateral refleja un posible punto de inflexión en la política venezolana y su posicionamiento en el escenario internacional. Mientras persisten desafíos significativos, tanto internos como externos, la decisión de Rodríguez podría abrir puertas a diálogo y cooperación que previamente parecían inalcanzables. Será crucial observar cómo evoluciona esta situación y si realmente puede traducirse en un cambio sustancial en la política interna y externa de Venezuela, estableciendo un marco colaborativo nuevo y duradero con Estados Unidos.








