Estados Unidos ha replanteado su enfoque respecto al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), considerando ahora una relación económica separada con cada país, en lugar del modelo trilateral original. Así lo afirmó Jamieson Greer, representante comercial de ese país y exnegociador del acuerdo durante la administración de Donald Trump. Las declaraciones se realizaron durante un evento organizado por Atlantic Council, donde Greer fue entrevistado por Greg Ip, comentarista económico del Wall Street Journal.
En su intervención, Greer sostuvo que existen grandes diferencias estructurales entre los socios del T-MEC que justifican las nuevas estrategias bilaterales. Destacó que las condiciones laborales, el sistema jurídico y los perfiles comerciales de Canadá y México exigen tratos diferenciados. Seguido de ello, admitió no haber sostenido reuniones conjuntas con ambos países este año, aunque sí se han desarrollado negociaciones bilaterales de forma pública. ‘Nuestra relación económica con Canadá es muy diferente a la que tenemos con México’, explicó.
El futuro del T-MEC permanece abierto a múltiples alternativas según Greer, quien afirmó que están sobre la mesa escenarios como revisión, renegociación o incluso el abandono del acuerdo. Recordó que la cláusula de revisión incluida en el tratado fue diseñada precisamente para permitir modificaciones de fondo, y que cualquier reforma que implique cambios legislativos deberá ser aprobada por el Congreso estadounidense, con el cual se mantiene un diálogo constante.
En cuanto al sector económico más favorecido por el tratado, Greer subrayó que la mayor atención se ha destinado al agro, dado su peso en la economía estadounidense. Indicó que los productores agrícolas han sido uno de los sectores con acceso mejorado a los mercados regionales. Por el contrario, el representante comercial reconoció que el sector automotriz ha sido problemático, principalmente por el desplazamiento de la producción hacia México y Canadá. En ese contexto, recordó que la narrativa inicial del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) anticipaba una mejora salarial en México, un mayor flujo comercial y un aumento en las exportaciones, algo que —según señaló— no se cumplió conforme a esas proyecciones.
Greer explicó que la administración estadounidense promovió cambios en las reglas de origen del T-MEC con el objetivo de reforzar la producción regional, sobre todo en Estados Unidos. Estas reglas determinan el porcentaje que un producto debe ser fabricado en América del Norte para disfrutar de los beneficios arancelarios. El endurecimiento de estas condiciones busca contener la fuga de manufactura, aunque reconoció que el bajo arancel del 2.5% para autos importados fuera de tratados limita el uso de esta herramienta como incentivo. No obstante, mencionó que el arancel del 25% para camionetas sí actúa como un incentivo efectivo para su producción local.
Como complemento a las medidas anteriores, Greer destacó el papel de la Sección 232 en la política comercial automotriz y sugirió que se podría aplicar un enfoque similar a otras normas de origen dentro del tratado. Esta sección permite la imposición de aranceles por motivos de seguridad nacional y, junto con los cambios estructurales del T-MEC, forma parte de la estrategia para incentivar mayor contenido estadounidense y regional. Según el funcionario, la llamada ‘superposición arancelaria recíproca’ fortalece los incentivos para mantener la producción dentro del bloque norteamericano.








