Estados Unidos impuso oficialmente este viernes sanciones económicas a las principales compañías petroleras de Rusia, Rosneft y Lukoil, en medio de las negociaciones para un nuevo plan de paz en Ucrania. Estas medidas, anunciadas originalmente el 22 de octubre por el Departamento del Tesoro, ya han comenzado a afectar el volumen de exportaciones rusas de hidrocarburos, según las autoridades estadounidenses.
Las sanciones constituyen la primera acción directa del presidente Donald Trump contra el Kremlin desde su regreso a la presidencia en enero. A pesar del contexto diplomático asociado a los esfuerzos para frenar el conflicto en Ucrania, la administración estadounidense decidió avanzar con las restricciones económicas, argumentando que debilitarlas significaría permitir a Moscú continuar financiando sus operaciones militares.
Desde el anuncio de las sanciones, varios indicadores del sector energético ruso registraron caídas significativas. El precio del petróleo Urals, el principal crudo de exportación de Rusia, ha bajado en más del 21 por ciento, situándose en 36 dólares por barril, más de 20 dólares por debajo del Brent. De acuerdo con un informe del Tesoro de Estados Unidos, esta caída ha contribuido a una reducción del 20 por ciento en los ingresos semanales por exportaciones de crudo, que a finales de octubre rozaban los 1.500 millones de dólares.
A nivel logístico, las exportaciones por vía marítima han sido profundamente afectadas, especialmente en los mercados de China e India. Según fuentes citadas por el diario New York Times, las últimas embarcaciones procedentes del mar Negro con destino a refinerías indias partieron hace cuatro semanas, y varias empresas en ambos países han suspendido o reducirán significativamente las importaciones a partir de diciembre. JP Morgan estima que cerca de un tercio del crudo ruso está actualmente almacenado en petroleros sin destino claro.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, estimó que las sanciones han provocado una reducción de entre el 20 y el 30 por ciento en los ingresos energéticos rusos. Por su parte, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski sostuvo que ello representa una pérdida mensual de 5.000 millones de dólares para Moscú. Además, se han concedido prórrogas para facilitar la desinversión de activos. En el caso de Lukoil, se autorizó una extensión hasta el 13 de diciembre para vender sus activos internacionales, valorados en entre 14.000 y 20.000 millones de dólares, generando interés por parte de las estadounidenses Chevron y Carlyle.
En Europa, algunos países también recibieron concesiones temporales para manejar la transición energética local. Bulgaria prolongó la operación de los activos adquiridos de la petrolera rusa hasta abril del próximo año; Rumanía expresó su intención de asumir el control de la refinería de Lukoil; en Finlandia, la filial Teboil anunció un proceso de cierre gradual de su red de gasolineras.
Adicionalmente, Trump propuso la posibilidad de aplicar nuevas sanciones si Rusia no cesa sus hostilidades. Estas incluirían penalizaciones financieras a terceros países que mantengan relaciones comerciales con empresas rusas de energía, con excepción de Hungría. El Congreso de EU también anunció una propuesta bipartidista para imponer sanciones secundarias y aranceles. Según informes, Trump exige tener decisión final sobre la aplicación o eliminación de estas sanciones, en función del comportamiento del gobierno ruso.
Mientras tanto, en Bruselas, la alta representante de la UE, Kaja Kallas, adelantó que se prevén nuevas medidas contra la denominada ‘flota fantasma’ que utiliza Rusia para evadir restricciones occidentales. Según Kallas, tales acciones podrían no requerir un nuevo paquete de sanciones formalmente aprobado, lo que busca agilizar la implementación de respuestas europeas al comercio energético ruso.








