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El pleito que no entiende Clara

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Política

Clara Brugada está convencida de que debe acabar con Adrián Rubalcava. Lo percibe como un estorbo, un infiltrado que amenaza su hegemonía en la Ciudad de México. Y en parte tiene razón: el exalcalde priista no es de su equipo, no le debe lealtad a Morena y tampoco carga con la obediencia ciega que la jefa de Gobierno en turno exige de quienes la rodean.


Pero lo que Clara no entiende es el tablero mayor. La Presidenta de México sabe que la Ciudad de México se le está cayendo a pedazos. Que Morena corre el riesgo real de perder la capital en la próxima elección. Por eso colocó a Rubalcava en el Metro, no como un enemigo, sino como un alfil. Un operador con oficio, con capacidad de resolver crisis, con la suficiente flexibilidad para navegar entre la izquierda, la derecha y el centro. Un puente hacia un electorado que Morena por sí solo ya no puede retener.


Brugada parece no ver que si el Metro colapsa —literal o políticamente— los menos afectados serán Rubalcava y su grupo. Quienes pagarán el costo serán ella y la propia Presidenta. La ciudad entera lo sabe: el Metro no aguanta un escándalo más. Y el 2026 no perdona.


Porque si algo ocurre en el Metro el próximo año, con los ojos del mundo puestos en México por la Copa Mundial, no sólo se hundirá la narrativa de un gobierno de transformación. Será la tumba política de Brugada. Y quizás, también, la de la Presidenta. No la tumba metafórica del descrédito, sino la real, la que entierra proyectos, ambiciones y legados. En Palacio lo saben. En Morena algunos lo intuyen. Clara, todavía no.

Columnista: Enrique Guzman

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